TENDIENDO PUENTES

 

 

Pilar Cimbrón Méndez

Mediadora

Mayo 2021

 

Hace unos días llegó a mí una historia que me gustaría compartir:

“ No hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas contiguas, tuvieron un conflicto. Éste era el primer problema que tuvieron después de 40 años de cultivar las tierras hombro a hombro, compartir el duro trabajo y de intercambiar cosechas y bienes en forma continua.

Esta larga y beneficiosa colaboración terminó repentinamente. Comenzó con un pequeño malentendido que fue creciendo hasta llegar a abrir una tremenda brecha entre ellos, que explotó en un intercambio de palabras amargas seguido de semanas de silencio.

Una mañana alguien llamó a la puerta de Luis. Al abrir, encontró a un hombre con herramientas de carpintero. «Estoy buscando trabajo», dijo el extraño, «quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda serle de ayuda».

«Sí», dijo el mayor de los hermanos, tengo un trabajo para usted. Mire, al otro lado del arroyo, en aquella granja, ahí vive mi vecino, es mi hermano menor. La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros y él tomó su buldózer y desvió el cauce del arroyo para que quedara entre nosotros.

Bueno, él pudo haber hecho esto para enfurecerme, pero le voy a hacer una mejor. ¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero? Quiero que construya una cerca, de dos metros de alto, para no verlo nunca más.

El carpintero le dijo: Creo que comprendo la situación. Muéstreme dónde están la madera, los clavos y las herramientas y le entregaré un trabajo que lo dejará satisfecho. El hermano mayor ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja por el resto del día para ir a comprar provisiones al pueblo.

El carpintero trabajó duro todo el día midiendo, cortando, clavando. Cerca del atardecer, cuando el granjero regresó, el carpintero había terminado con su trabajo. El granjero quedó, perplejo con lo que vio. No había ninguna cerca de dos metros; en su lugar había un puente. Un puente que unía las dos granjas a través del arroyo. Era una verdadera obra de arte.

En ese momento, su hermano menor, vino desde su granja, cruzando el puente, abrazó a su hermano, con los ojos llenos de lágrimas, le dijo: Eres un gran hombre, por construir este hermoso puente después de lo que te he hecho, gracias y perdóname.

En silencio el carpintero guardó las herramientas y se dispuso a marchar, cuando Luis, el hermano que le había contratado grito: ¡No te vayas espera!, quédate, tengo muchos proyectos para ti.

-Me gustaría quedarme dijo el carpintero, pero tengo muchos puentes por construir… “

 

 

Después de leer esta historia me preguntaba: ¿Hay algo más bello que dedicarse a tender puentes hacia los demás?

 

 

No cabe duda que los puentes en nuestra vida son indispensables, nos ayudan a cruzar, unen ciudades, fronteras, nos acortan el camino, nos conectan con el otro lado, nos unen con los demás.

 

“ Tender puentes” es un símbolo tan poderoso de acercamiento y comunicación. El puente pone en contacto, acerca dos situaciones distintas, comunica dos lados. Los hay de todos los tamaños y de todo tipo de materiales, pero todos tienen el mismo fin. El puente une, permite el paso, salva un obstáculo que nos impide continuar.  Hace más fluido el tránsito entre unos y otros.

 

No obstante no es tarea fácil, en la actualidad tenemos todo tipo de redes sociales, pero somos pobres en comunicación directa. Oímos, pero no escuchamos. Habitamos en un mundo donde no siempre interesa lo que otros tengan que decirnos porque lo único que nos interesa es de lo que uno está convencido. Escuchar es un arte que no siempre practicamos, escuchamos no para atender si no para responder.

 

El mediador trabaja  para facilitar la comunicación entre las partes, no pretende saber quién tiene la razón y quien está en el error, sino que trata de determinar el centro de la disputa y ayuda a las partes en su resolución. Se consigue así que logren comunicarse y que el respeto y el diálogo sean el camino para expresar necesidades e intereses, evitando el enfrentamiento.

 

Es el mediador ese carpintero de la historia, es quien “tiende puentes” para que las partes puedan transmitir sus necesidades, inquietudes y deseos y lleguen a soluciones satisfactorias en las que todos se sientan protagonistas y ganadores.

 

El mediador extiende brazos para ayudar en ese salto que da miedo frente a ese abismo o frente a esa dificultad y empuja para superar la empinada pendiente.

 

Ya lo dijo Mario Benedetti:

“  que  para no ser heridos levantamos muros

      que casi todos somos albañiles de muros,

      que sería mejor construir puentes

     que sobre ellos se va a la otra orilla y también se vuelve “

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